Isidoro Lázaro

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Nace en Barcelona. Su pintura abrevia de todas las Escuelas Clásicas Europeas y a ellas les debe su acabada formación.

Un paseo por las pinturas de Isidoro Lázaro Palabras de Alfonso Alcolea al presentar en Bs. As. (Argentina) la exposición de este artista. Para el amante del arte, es un placer introducirse en los cuadros de Isidoro Lázaro, nos deja perplejos por el esplendor en su pincelada. Es un reloj que marca la pauta de un tiempo que se ha estacionado en la meditación la plástica para saborear el crepúsculo o el amanecer sinfónico donde la auroras han tejido un hilo de luz para soportar el arco iris en su esplendor del Buenos Aires de Siempre.

En la ciudad de Venecia los cuadros de Isidoro Lázaro, despiertan la sinfonía de los siglos, lenguaje fecundo y claro como si toda la historia nos diera el poderoso verbo del saber integrado en los alabastros, en las esculturas, en sus mármoles de Carrara desgastados por la ópticas enamorada de los siglos, nos conducen a una trascendencia histórica donde sus pinceles nos aclaran todos los antagonismos de las historia.

El pintor Isidoro Lázaro sabe del lenguaje de todos los exponentes de naturaleza para dialogar el éxtasis de su profundidad y exponer en sus cuadros la espontaneidad acertada, para que el observador se comunique abiertamente y pueda entrar por la puerta grande, el concierto silencioso de la naturaleza, que es donde descansa la base sublime del esplendor: Isidoro Lázaro, es un gigante de lama que sabe dirigir la batuta de sus pinceles por los instrumentos mágicos del color y de las formas.

Es la regeneración espontánea donde se renuevan todas las químicas que se comunican, quizás sea la única fórmula de establecer la armonía de la difícil coexistencia.

 

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